viernes, 27 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 32.
El cielo estaba ya completamente negro y cubierto de estrellas, pero Harry había insistido en salir de aquella casa y pasear.
- ¿No te parece impresionante la playa por la noche? -me preguntó.
- Sí, es tremendamente preciosa.
A lo largo de la playa se podía observar miles de luces que la iluminaban cuidadosamente, dando un ambiente mucho más cálido.
Poco a poco, Harry me arrastró hasta la orilla y allí, después de caminar por ella un poco, nos sentamos abservando como el mar se extendía ante nosotros.
- ¿No te dan ganas de bañarte? -le pregunté.
- ¿Bañarme? ¿Ahora?
- Sí, ahora.
- Pues no, no me apetece. ¿Por qué? ¿A ti sí?
- Sí. Va, venga, seguro que no está fría.
- ¿Que no está fría? Estás loca, yo no voy a entrar en el agua.
- Está bien, quédate ahí.
Empecé a adentrarme en el agua oscura debido a la noche, empecé a adentrarme más y más, y cuando ya me llegaba por encima del estómago, tropecé con una piedra y me caí, pero enseguida noté como unos brazos me levantaban y me devolvían a la superficie.
- ¿Estás bien? -preguntó agitándome.
- Harry, solo he tropezado, sé nadar. Pero, ¿ves? Has acabado entrando.
Puso los ojos en blanco y yo, rodeé con mis brazos su cuello y con mis piernas su cintura.
- Pensaba que había sido por culpa de algún animal...
- ¿Y te has tirado a salvarme como un héroe? -bromeé.
- Ríete, pero me deberías la vida...
- Mentira, tu vida no tiene sentido sin mí, por lo tanto, estarías salvando tu vida, no la mía...
- ¿Mi vida? Ya te gustaría...
- ¿Sabes que me gusta?
- ¿Yo?
Le propiné un suave golpe en el hombro.
- A ver, ¿qué te gusta? -preguntó.
- Esto -le di un beso corto- y esto, -repetí la acción- y esto también...
Aquel fin de seman pasó extremadamente rápido y, en menos de lo que me gustaría, ya estábamos de nuevo en el coche camino a Londres.
- Tienes mala cara, ¿te encuentras bien? -me preguntó a mitad de camino.
- Sí, ¿cuando lleguemos puedes dejarme en el hospital? Quiero ver a mi madre.
Así fue, nada más llegar, Harry paró frente al hospital.
- ¿Quieres que te espere o voy a casa a dejar las cosas y vuelvo a por ti?
- Vete a casa y descansa, vuelvo en taxi. Nos vemos en casa, ¿vale?
Me despedí de él con un beso y abrí la puerta del coche para salir.
No había avisado a mi madre de aquella visita, quería que fuera una visita, ya que ella solo sabía que me había ido de fin de semana con Harry.
Subí hasta la 4ª planta de aquel edificio y busqué la habitación 212. La puerta estaba cerrada, pero al girar el pomo, escuché voces que venían de dentro. Eran ella y el médico. En un principio, no pensé en escuchar lo que hablaban, pero mi madre comenzó a hablar de su alta y me despertó curiosidad.
-No puedes darme el alta -dijo ella.
- ¿Por qué? ¿Todavía no has conseguido irte a vivir con ella?
- No, no es tan fácil, necesito el dinero. Los dos lo necesitamos.
- ¿Estás segura de que es más fácil conseguirlo de ella y no de tu cuñado?
No podía dar crédito a las palabras que no dejaban de dar vueltas en mi cabeza: "Mi madre solo me quería por el dinero", esas palabras no dejaban de repetirse una y otra vez. Mi madre volvía a fallarme otra vez, volvía a estropearlo todos. Ya había perdido la cuenta de todas las veces que me había decepcionado, pero si de algo estaba segura era de que esa sería la última vez que tendría oportunidad de hacerlo.
Abrí la puerta con seguridad, miré al doctor y la miré a ella, y los dos me miraron desconcertados.
- ¿Sabes qué, mamá? -dije utilizando un tono sarcástico en la última palabra- No hace falta que sigas finjiendo, puedes coger el alta ahora mismo y desaparecer.
No dejé que contestara, salí de aquella habitación y de aquel edificio lo más rápido que pude, y una vez fuera, busqué entre mis cosas mi móvil. Si alguien podía hacer que me olvidar de todo en aquel momento y que me sintiera cómoda, esa era mi mejor amiga.
- ¿Gabs? ¿Pasa algo?
- Necesito verte, ¿estás ocupada?
- No, estoy en casa. ¿Vienes?
- Sí, ahora mismo.
Colgué y comencé a caminar hacia la casa de mi amiga, más tarde llamaría a Harry.
jueves, 26 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 31.
Los dos entramos en aquella enorme casa, y mientras yo me disponía a deshacer las maletas y a colocarlo todo en el armario de la que sería nuestra habitación, él preparaba la comida para los dos.
- ¿Queda mucho? -pregunté entrando en la cocina.
- No, estoy acabando ya.
Mientras él acababa de cocinar sus famosos Tacos, yo coloqué todo sobre la mesa. Me moría de hambre.
- Bien, esto ya está. ¿Quieres comer? -bromeó.
- No, creo que puedo esperar otro año más.
- Exagerada...
Cuando acabamos de comer, empecé a recoger la mesa, pero él me quitó los platos de la mano.
- ¿Qué haces? Te voy a ayudar.
- Recojo yo. -insistió.
Lo dejé solo en la cocina recogiendo, y cogí mi cámara que había dejado en una mesa que había en la entrada y me fui al salón.
En el salón, una de las paredes era un gran ventanal con unas vistas preciosas del mar, así que comencé a sacar fotos.
- ¿Qué haces? -escuché decir a mis espaldas.
- Sacar fotos, ¿no me ves?
En seguida noté como rodeaba mi cintura con sus brazos. Giré mi cámara y empecé a sacarnos fotos a los dos juntos.
- Déjame sacarte una foto. -dijo intentando quitarme la cámara.
- No, jamás.
Empecé a correr con la cámara por todo el salón, pero él enseguida me atrapó y me tiró en el sofá.
- ¿Tú puedes sacarme fotos a mí y yo a ti no? -dijo.
- Nos las estaba sacando a los juntos, Styles, no eres el centro del mundo.
- ¿Styles? ¿Ahora me llamas por mi apellido, Cowel?
Estábamos los dos acostados en el sofá, él encima de mí y cada vez más cerca.
- ¿Te molesta, Styles?
Se acercó y acabó con la excasa distancia que nos separaba.
- Esa distancia me molestaba, no tú, Cowel.
- A mí también me molestaba. -dije volviéndola a hacer desaparecer.
Los besos cada vez eran más largos y más intensos, tan intensos que noté como su mano se adentraba por debajo de mi camiseta.
- ¿Nuestra primera vez juntos va a ser en un sofá, Styles? ¡Qué poco romántico!
- Tienes razón...
En un movimiento rápido me cargó en sus brazos y me llevó hasta nuestro dormitorio.
- ¿Mejor? -preguntó apoyándome en la cama.
- Mmmm... -tiré de su camiseta y se acercó otra vez a mí- Ahora sí, mucho mejor.
Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo y yo comencé a desabrochar su pantalón, mientras él se quitaba su camiseta.
El ambiente poco a poco comenzó a calentarse, cada segundo que pasaba los grados en aquella habitación subían y nuestros cuerpos pedían a gritos unirse.
- ¿Tienes...?
- Shhh, tranquila, está todo bajo control.
Se separó de mí y alargó su brazo hasta la mesilla donde cogió la protección.
Me desperté envuelta en las sábanas de aquella cama y al estirar el brazo por la cama, noté que Harry ya no estaba allí.
Me envolví en aquellas sábanas y me levanté para buscarlo, pero enseguida lo vi sentado en el balcón. Estaba sentado en una silla, semidesnudo, mirando el paisaje.
- ¿Qué haces? -pregunté.
Sonrió al verme y me hizo un gesto para que fuera a donde él y me sentara en su regazo.
- ¿Sabes que eres preciosa?
- Seguro que eso se lo dices a todas...
- Sí, la verdad es que sí.
Me levanté haciéndome la ofendida y él volvió a sentarme tirando de mi brazo.
- No me has dejado acabar... Solo a ti te lo digo de verdad, solo a ti te digo lo que realmente pienso.
Me acomodé en su regazo de nuevo y apoyé mi cabeza en su hombro, y él comenzó a acariciar mi espalda.
- ¿Te apetece hacer algo? -me preguntó.
- Está anocheciendo, ¿qué quieres hacer ahora?
- Sí, está anocheciendo, pero no vamos a dormir, llevas toda la tarde durmiendo. Venga, -se levantó y a mí con él- vamos a vestirnos.
miércoles, 25 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 30.
Llevábamos más de una hora en aquel coche y mis tripas empezaban a protestar.
- Tengo hambre.
- Lo sé, me he dado cuenta... Tranquila, ahora llegamos.
Nos habíamos alejado bastante de la ciudad, ya no se veían edificios, si no que grandes zonas verdes invadían los paisajes.
- Mierda... -susurró.
- ¿Qué pasa? -pregunté.
- Nada, espera.
Salió de la carretera y paró el coche delante de una casa.
- Ahora vengo.
Bajó del coche y se acercó a un hombre que pasaba por allí. Harry comenzó a hablar con aquel hombre, pero no llegué a entender qué le deía y el hombre, con señas, le empezó a indicar un camino. Se despidieron y él volvió al coche.
- Podemos seguir. -anunció- Ya no queda nada.
- ¿Me estás llevando a un lugar al que ni tú mismo sabe donde queda?
- Ajá.
- ¿Nunca has llevado a nadie a ese lugar?
- Ajá.
- ¿Y tú nunca has ido?
- Sí, de pequeño.
- ¿Y qué es?
- No te lo voy a decir. Ya te he dicho que estamos llegando. No seas impaciente.
Me sonrió y volvió la vista a la carretera.
El camino se me estaba haciendo interminable, odiaba ir en coche y odiaba las sorpresas, me ponían realmente nerviosa.
Al poco rato, cuando mi paciencia empezaba a colmarse, pude ver como estábamos llegando a una ciudad.
- ¿Y esto es...? -pregunté.
- Nuestro destino.
- ¿Me has traído a una ciudad?
- Shhh, ya lo verás.
- Harry no me gustan las sorpresas. ¿Puedes decirme ya donde estamos?
- No. -sonrió.
- ¿Y si llama mi tío y me pregunta? ¿Qué le diré? "Oh, estoy con Harry en el coche... ¿Que a donde vamos? No lo sé, empiezo a pensar que me ha raptado"
- Eres una exagerada... Simon no llamará, él está al tanto de todo.
- ¿Al tanto de todo? Oh, espera, ¿esto nos va a llevar más de un día?
- ¿Quieres dejar de hacer preguntas?
- ¡Harry!
- ¡Gabs! Mira, ya está, impaciente, ya hemos llegado.
Sin darme cuenta, habíamos llegado a un lugar precioso. Estábamos frente a una casa ante la cual se extendía una playa enorme.
- ¿Dónde estamos? Es precioso...
- Se llama Bournemouth.
- Pero, ¿y esta casa? ¿De quién es?
- Mía y tuya.
- ¿Como que mía y tuya?
- Sí, la he comprado para cuando queramos venir a pasar tiempo a solas...
- Es..., es precioso, Harry...
- ¿Qué pensabas? ¿Que no quería pasar un tiempo a solas contigo antes de irme a EEUU? Llevo bastante tiempo planeando esto, por eso pasaba tanto tiempo fuera de casa.
- Pero, no tendrías que haberte molestado...
- ¿Eres tonta? Deberías haber visto la sonrisa que se te ha puesto al decirte que no sabía exactamente a donde íbamos, ¿pensabas que te llevaría a donde llevé a otras? No sería lo suficientemente especial.
- No, no pensaba eso, pero pensaba que..., no sé, que no iríamos a un sitio con este... Es precioso...
- Bueno, tenemos tiempo de disfrutarlo. Ahora vamos a preparar algo de comer, ¿no tenías hambre?
Los dos salimos del coche y él se dirigió al maletero.
- Espero que lo que haya metido en tu maleta te llegue para estos dos días...
- ¿Me has hecho la maleta? -pregunté sorprendida.
- Sí, ¿qué pasa?
Ese chico no dejaba de sorprenderme... No solo se había encargado de buscar un lugar especial solo para mí, si no que había conseguido hacerlo especial para los dos y para siempre, se había molestado en hacer mi maleta y en preocuparse de que todo fuera de mi agrado.
En ese momento solo se me ocurrió transmitirle todo lo que pensaba con un beso y así lo hice, un beso que dio comienzo a nuestro perfecto fin de semana.
lunes, 23 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 29.
- ¿Me has echado de menos?
- Este café se me estaba haciendo interminable sin ti. ¿Qué tal ha ido?
- Pues nada, creo que pretende que la perdone. ¿Sabes? Solo ha tenido problemas con la anemia...
- ¿Y por qué la han tenido que tratar aquí?
- Porque la anemia la tiene desde que nací yo, y yo nací aquí, por lo tanto el médico que la trató y la trata ahora es de aquí, y dicho médico a insistido en que vuelva y...
- Ella ha aprovechado y ha querido verte. -concluyó él.
- Exacto.
- ¿Y habéis hablado de algo más?
- No, me ha preguntado si volvería, pero no sé que hacer... Ni siquiera hemos hablado de nada.
- Yo creo que quizás se ha dado cuenta de que te ha perdido y quiere recuperarte. Yo no me perdonaría perder a alguien como tú en mi vida...
- Pero es que tú nunca me vas a perder.
Me cogió de la mano y me sentó en su regazo, para poder abrazarme con más fuerza.
- No me lo perdonaría nunca... -susurró.
Nada más salir del hospital, los dos subimos al coche de Harry y antes de volver a casa, paramos en un supermercado a comprar un par de cosas para pasar el resto de la noche en el sofá, comiendo palomitas y pizza, mientras veíamos películas.
Los dos, nada más llegar a casa, nos pusimos nuestros pijamas, preparamos las pizzas y las palomitas, y nos acostamos en el sofá.
Era muy tarde y Harry ya se había quedado dormido.
- Harry, despierta.
- Mmmm...
- Venga, vamos a cama.
Tras hacerse de rogar unos cuantos minutos, conseguí levantarlo, pero al llegar a la puerta de mi habitación, que estaba al principio del pasillo, tiró de mi brazo.
- ¿Puedo dormir contigo? -preguntó.
No contesté, me limité a abrir la puerta de mi habitación y dejarlo pasar. Nada más acostarme, noté como rodeaba mi cintura con su brazo y colocaba su cara en mi nuca.
- Buenas nochas, princesa.
Los días pasaban demasiado rápidos, cada vez estaba más y más cerca la gira de los chicos por EEUU. Harry me había convencido para que volviera a ver a mi madre y, poco a poco, intentaba perdonarla, pero no era tan fácil.
Louis y Sam, por otro lado, estaban mejor que nunca.
- ¿Y sabes? Le dije que ojalá tuviera un koala cuando los vimos en el zoo, y al día siguiente me regaló un koala de peluche enorme...
- Sí, Sam, es la quinta vez que me lo cuentas esta tarde. ¿Te puedes concentar? Vamos a suspender.
- Cállate dramática. ¿Te ha dicho algo Harry?
- ¿Algo de qué?
- No sé, algo. A mí Louis me va a llevar Doncaster antes de irse a EEUU.
- Pues no, no me ha dicho nada. ¿Cuando se iban?
- En cuatro días.
- Pues no, no me dijo nada. ¿Te va a presentar a su familia? Qué vergüenza...
- ¿A presentar? ¡Si ya conozco a toda su familia! Jay, Lottie, Fizzy, las gemelas...
- SHHHHHHHHHHHHHHHH. -la interrumpió la encargada de la biblioteca.
- Que mal humor... -susurró ella.
- Nos van a echar... ¡Estudia! -susurré yo también.
No estuvimos más de una hora en la biblioteca. Samantha era capaz de concentrarse y me desconcentraba a mí, así que salimos de allí y nos fuimos a su casa.
- ¿Sabes? Podríamos vivir juntas.
- ¿Vivir juntas? ¿Tú y yo? Sam, ¿quieres que acabe esquizofrénica?
- ¡Sería genial!
- Sí..., me muero de ganas... -ironicé.
- Estúpida. -dijo mientras me tiraba un cojín.
- Bueno, he de irme, hoy todavía no he ido a ver a mi madre y el horario de visitas se acaba en una hora. ¿Cuando te veo?
- Mañana en clase.
- Hasta mañana entonces.
Nos despedimos y salí camino al hospital.
Después de pasar allí dentro varias horas, Harry me llamó para pasar a buscarme.
- ¿Cuando te dan el alta? -pregunté mientras recogía mis cosas.
- Todavía no se sabe, me han dicho que quizás esta semana o lo que viene.
- Bueno, volveré mañana.
Me acerqué a ella y me despedí besándola en la mejilla.
Bajé corriendo las escaleras de aquel edificio, y al llegar a la puerta, pude ver a Harry apoyado en su coche esperándome. Cuando me vio acercándome, me dedicó una de sus mejores sonrisas.
- ¿Qué tal está tu madre?
- Mejorando. -sonreí.
Me puse de puntillas y le di un beso suave.
- Venga, vamos. Tenemos cosas que hacer.
Abrió la puerta del copiloto y me hizo pasar, rodeó el coche, entró y puso en marcha el coche.
- ¿A donde vamos? -pregunté.
- Es una sorpresa, ya lo verás.
Me acomodé en el asiento y me dejé llevar por las calles de Londres, sentada al lado de la persona con la que quería pasar el resto de mi vida.
- Este café se me estaba haciendo interminable sin ti. ¿Qué tal ha ido?
- Pues nada, creo que pretende que la perdone. ¿Sabes? Solo ha tenido problemas con la anemia...
- ¿Y por qué la han tenido que tratar aquí?
- Porque la anemia la tiene desde que nací yo, y yo nací aquí, por lo tanto el médico que la trató y la trata ahora es de aquí, y dicho médico a insistido en que vuelva y...
- Ella ha aprovechado y ha querido verte. -concluyó él.
- Exacto.
- ¿Y habéis hablado de algo más?
- No, me ha preguntado si volvería, pero no sé que hacer... Ni siquiera hemos hablado de nada.
- Yo creo que quizás se ha dado cuenta de que te ha perdido y quiere recuperarte. Yo no me perdonaría perder a alguien como tú en mi vida...
- Pero es que tú nunca me vas a perder.
Me cogió de la mano y me sentó en su regazo, para poder abrazarme con más fuerza.
- No me lo perdonaría nunca... -susurró.
Nada más salir del hospital, los dos subimos al coche de Harry y antes de volver a casa, paramos en un supermercado a comprar un par de cosas para pasar el resto de la noche en el sofá, comiendo palomitas y pizza, mientras veíamos películas.
Los dos, nada más llegar a casa, nos pusimos nuestros pijamas, preparamos las pizzas y las palomitas, y nos acostamos en el sofá.
Era muy tarde y Harry ya se había quedado dormido.
- Harry, despierta.
- Mmmm...
- Venga, vamos a cama.
Tras hacerse de rogar unos cuantos minutos, conseguí levantarlo, pero al llegar a la puerta de mi habitación, que estaba al principio del pasillo, tiró de mi brazo.
- ¿Puedo dormir contigo? -preguntó.
No contesté, me limité a abrir la puerta de mi habitación y dejarlo pasar. Nada más acostarme, noté como rodeaba mi cintura con su brazo y colocaba su cara en mi nuca.
- Buenas nochas, princesa.
Los días pasaban demasiado rápidos, cada vez estaba más y más cerca la gira de los chicos por EEUU. Harry me había convencido para que volviera a ver a mi madre y, poco a poco, intentaba perdonarla, pero no era tan fácil.
Louis y Sam, por otro lado, estaban mejor que nunca.
- ¿Y sabes? Le dije que ojalá tuviera un koala cuando los vimos en el zoo, y al día siguiente me regaló un koala de peluche enorme...
- Sí, Sam, es la quinta vez que me lo cuentas esta tarde. ¿Te puedes concentar? Vamos a suspender.
- Cállate dramática. ¿Te ha dicho algo Harry?
- ¿Algo de qué?
- No sé, algo. A mí Louis me va a llevar Doncaster antes de irse a EEUU.
- Pues no, no me ha dicho nada. ¿Cuando se iban?
- En cuatro días.
- Pues no, no me dijo nada. ¿Te va a presentar a su familia? Qué vergüenza...
- ¿A presentar? ¡Si ya conozco a toda su familia! Jay, Lottie, Fizzy, las gemelas...
- SHHHHHHHHHHHHHHHH. -la interrumpió la encargada de la biblioteca.
- Que mal humor... -susurró ella.
- Nos van a echar... ¡Estudia! -susurré yo también.
No estuvimos más de una hora en la biblioteca. Samantha era capaz de concentrarse y me desconcentraba a mí, así que salimos de allí y nos fuimos a su casa.
- ¿Sabes? Podríamos vivir juntas.
- ¿Vivir juntas? ¿Tú y yo? Sam, ¿quieres que acabe esquizofrénica?
- ¡Sería genial!
- Sí..., me muero de ganas... -ironicé.
- Estúpida. -dijo mientras me tiraba un cojín.
- Bueno, he de irme, hoy todavía no he ido a ver a mi madre y el horario de visitas se acaba en una hora. ¿Cuando te veo?
- Mañana en clase.
- Hasta mañana entonces.
Nos despedimos y salí camino al hospital.
Después de pasar allí dentro varias horas, Harry me llamó para pasar a buscarme.
- ¿Cuando te dan el alta? -pregunté mientras recogía mis cosas.
- Todavía no se sabe, me han dicho que quizás esta semana o lo que viene.
- Bueno, volveré mañana.
Me acerqué a ella y me despedí besándola en la mejilla.
Bajé corriendo las escaleras de aquel edificio, y al llegar a la puerta, pude ver a Harry apoyado en su coche esperándome. Cuando me vio acercándome, me dedicó una de sus mejores sonrisas.
- ¿Qué tal está tu madre?
- Mejorando. -sonreí.
Me puse de puntillas y le di un beso suave.
- Venga, vamos. Tenemos cosas que hacer.
Abrió la puerta del copiloto y me hizo pasar, rodeó el coche, entró y puso en marcha el coche.
- ¿A donde vamos? -pregunté.
- Es una sorpresa, ya lo verás.
Me acomodé en el asiento y me dejé llevar por las calles de Londres, sentada al lado de la persona con la que quería pasar el resto de mi vida.
domingo, 22 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 28.
Las puertas del hospital estaban frente a nosotros, nada más verlas sentí como un escalofrío recorría mi cuerpo. No estaba segura de estar preparada para aquello.
- ¿Estás bien? -me preguntó Harry.
- Sí, entremos. -fingí.
Nada más entrar en aquel enorme edificio, pude ver a un mucha gente caminando por los pasillos enferma, y me imaginé a mi madre de mil maneras distintas. El hecho de imaginarme así a una mujer que siempre había sido tan fuerte, provocaba en mí una sensación extraña.
- Disculpe, ¿podría indicarme cual es la habitación de Grace Hastings? -preguntó Harry.
La recepcionista comenzó a buscar en una lista que parecía interminable y eso no ayudaba a tranquilizarme.
- Tranquila. -susurró Harry, apoyándose en mi cabeza.
- En la habitación 212, es al final de ese pasillo.
Nos indicó el camino y los dos recorrimos aquel, también interminable, pasillo.
Yo dejaba llevarme aferrada a la mano de Harry, por lo que, cuando se paró ante una de las puertas, yo frené en seco.
- Bien, esta es. -anunció.
Noté como acercaba su mano al pomo, pero institivamente tiré de su brazo hacia mí.
- ¿Qué pasa? Si no te sientes preparada podemos irnos.
- No es eso, es que... No sé lo que me voy a encontrar, no sé que enfermedad tiene...
- ¿No se lo has preguntado a Simon?
- No, la verdad es que en aquel momento no me interesaba ni lo más mínimo.
- Podemos en entrar y averiguarlo, o podemos volver a casa y llamar a tu tío.
La segunda opción me tentaba demasiado, todo lo que fuera posponer la visita a mi madre sonaba mejor, pero había ido hasta allí y ahora no me iba a echar atrás.
- Entramos.
Harry volvió a acercar su mano al pomo, me miró y me sonrió, a lo que yo respondí asintiendo y devolviéndole la sonrisa.
Harry se hizo a un lado y me dejó pasar a mi primero, pero al no soltarle la mano, él entró pegado a mí.
- Está durmiendo. -susurré.
Enseguida noté como la figura de Grace, de mi madre, se revolvía bajo las sábanas y se giraba para mirarnos. En su cara pude notar que se sorprendía de verme allí, o que quizás se sorprendía de verme con un chico allí.
- Hola, Gaby. -sonrió.
- Hola, Grace. -respondí.
Pasamos unos pocos minutos en silencio, un silencio incómodo de esos que provocan un ruido horrible dentro de nosotros.
- Bueno, ¿y quién es él? -preguntó mirando a Harry.
- Harry Styles, encantado. -dijo él.
Soltó mi mano y se acercó a ella para besarla en la mejilla.
- ¿Sois...?
- Novios, sí. -volvió a responder él.
Escucharlo decir aquellas palabras provocó en mí una amplia sonrisa.
- Bueno, Grace, querías verme, ¿no es así?
- Sí, pequeña. Acércate.
- Creo que es mejor que os deje solas, estaré en la cafetería, ¿vale?
Se acercó a mí y me dio un beso corto, seguidamente salió de la habitación y cerró la puerta tras él.
Me acerqué lentamente a la cama y me senté en ella.
- ¿Por qué has vuelto? ¿Tienes algo que solo puedan tratarte aquí? -pregunté.
- No, es simplemente problemas con la anemia... La tengo desde que naciste, ¿recuerdas?
- Sí, recuerdo... ¿Y por qué estás aquí? Según tengo entendido, te habías ido a vivir a Italia después de...
- Sí, fui a Italia -me interrumpió- Pero bueno, el médico que me ha tratado siempre, desde que naciste es de aquí, e insistió en que volviera para que me tratara él.
- Ah...
- Y una vez aquí, tuve la necesidad de verte, por eso llamé a tu tío. Ha estado aquí hace menos de una hora, ¿sabías?
- No, no lo sabía. Bueno, tengo que volver a casa.
Me levanté, y cogí mi abrigo y mi bolso, que había dejado apoyados en una de las sillas de allí.
- ¿Volverás? -me preguntó.
- No lo sé, Grace. Si tengo tiempo volveré.
Salí de aquella habitación y me encaminé en busca de la cafetería. Después de dar varias vueltas, la encontré y nada más entrar pude ver a Harry mirándome con una gran sonrisa.
- Te quiero. -leí en sus labios.
- ¿Estás bien? -me preguntó Harry.
- Sí, entremos. -fingí.
Nada más entrar en aquel enorme edificio, pude ver a un mucha gente caminando por los pasillos enferma, y me imaginé a mi madre de mil maneras distintas. El hecho de imaginarme así a una mujer que siempre había sido tan fuerte, provocaba en mí una sensación extraña.
- Disculpe, ¿podría indicarme cual es la habitación de Grace Hastings? -preguntó Harry.
La recepcionista comenzó a buscar en una lista que parecía interminable y eso no ayudaba a tranquilizarme.
- Tranquila. -susurró Harry, apoyándose en mi cabeza.
- En la habitación 212, es al final de ese pasillo.
Nos indicó el camino y los dos recorrimos aquel, también interminable, pasillo.
Yo dejaba llevarme aferrada a la mano de Harry, por lo que, cuando se paró ante una de las puertas, yo frené en seco.
- Bien, esta es. -anunció.
Noté como acercaba su mano al pomo, pero institivamente tiré de su brazo hacia mí.
- ¿Qué pasa? Si no te sientes preparada podemos irnos.
- No es eso, es que... No sé lo que me voy a encontrar, no sé que enfermedad tiene...
- ¿No se lo has preguntado a Simon?
- No, la verdad es que en aquel momento no me interesaba ni lo más mínimo.
- Podemos en entrar y averiguarlo, o podemos volver a casa y llamar a tu tío.
La segunda opción me tentaba demasiado, todo lo que fuera posponer la visita a mi madre sonaba mejor, pero había ido hasta allí y ahora no me iba a echar atrás.
- Entramos.
Harry volvió a acercar su mano al pomo, me miró y me sonrió, a lo que yo respondí asintiendo y devolviéndole la sonrisa.
Harry se hizo a un lado y me dejó pasar a mi primero, pero al no soltarle la mano, él entró pegado a mí.
- Está durmiendo. -susurré.
Enseguida noté como la figura de Grace, de mi madre, se revolvía bajo las sábanas y se giraba para mirarnos. En su cara pude notar que se sorprendía de verme allí, o que quizás se sorprendía de verme con un chico allí.
- Hola, Gaby. -sonrió.
- Hola, Grace. -respondí.
Pasamos unos pocos minutos en silencio, un silencio incómodo de esos que provocan un ruido horrible dentro de nosotros.
- Bueno, ¿y quién es él? -preguntó mirando a Harry.
- Harry Styles, encantado. -dijo él.
Soltó mi mano y se acercó a ella para besarla en la mejilla.
- ¿Sois...?
- Novios, sí. -volvió a responder él.
Escucharlo decir aquellas palabras provocó en mí una amplia sonrisa.
- Bueno, Grace, querías verme, ¿no es así?
- Sí, pequeña. Acércate.
- Creo que es mejor que os deje solas, estaré en la cafetería, ¿vale?
Se acercó a mí y me dio un beso corto, seguidamente salió de la habitación y cerró la puerta tras él.
Me acerqué lentamente a la cama y me senté en ella.
- ¿Por qué has vuelto? ¿Tienes algo que solo puedan tratarte aquí? -pregunté.
- No, es simplemente problemas con la anemia... La tengo desde que naciste, ¿recuerdas?
- Sí, recuerdo... ¿Y por qué estás aquí? Según tengo entendido, te habías ido a vivir a Italia después de...
- Sí, fui a Italia -me interrumpió- Pero bueno, el médico que me ha tratado siempre, desde que naciste es de aquí, e insistió en que volviera para que me tratara él.
- Ah...
- Y una vez aquí, tuve la necesidad de verte, por eso llamé a tu tío. Ha estado aquí hace menos de una hora, ¿sabías?
- No, no lo sabía. Bueno, tengo que volver a casa.
Me levanté, y cogí mi abrigo y mi bolso, que había dejado apoyados en una de las sillas de allí.
- ¿Volverás? -me preguntó.
- No lo sé, Grace. Si tengo tiempo volveré.
Salí de aquella habitación y me encaminé en busca de la cafetería. Después de dar varias vueltas, la encontré y nada más entrar pude ver a Harry mirándome con una gran sonrisa.
- Te quiero. -leí en sus labios.
viernes, 20 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 27.
Nada más entrar en mi habitación, me senté en mi cama y abracé uno de los cojines. ¿Por qué ahora? ¿Por qué tenía que aparecer justo ahora? Por primera vez en mucho tiempo era realmente feliz con Harry, con Louis, con Sam, con los chicos... Y tenía que aparecer ella.
El ruido de unos nudillos chocando con la puerta suavemente hizo que dirigiera mi mirada hacia allí, a los pocos segundos se abrió y entró Harry.
- ¿Puedo pasar? -preguntó.
Asentí.
- ¿Qué tal estás?
Dijo mientras se acercaba y se sentaba a mi lado.
- No lo sé...
Pasó uno de sus brazos por mis hombros y besó mi cabeza.
- No entiendo muy bien nada de toda esta historia, creo que llego un poco tarde, pero sabes que te voy a apoyar en lo que sea.
En ese momento caí en la cuenta de que nunca le había contado nada de esa historia a Harry, y comprendí lo desorientado que se tenía que sentir.
- No sabes nada, ¿verdad? -pregunté.
- No, y me gustaría saberlo, pero si no quieres hablar de eso ahora no pasa nada...
Sentirme cerca de él era lo que más me tranquilizaba siempre, así que acorté distancias apoyándome en su hombro y él aprovechó para robarme un beso. Era perfecto.
- ¿Por qué me miras así? -dijo.
No contesté me limité a sonreírle y a acariar su pelo. Definitivamente sí, era perfecto.
- ¿No me vas a contestar? -insistió.
- Te quiero.
Su cara fue una mezcla entre felicidad y sorpresa, era la primera vez que se lo decía a alguien y estaba tan segura de lo que sentía.
- Y yo a ti, más de lo que te puedes imaginar.
- ¿Quieres saber que pasó?
- Solo si tú quieres contármelo...
Respiré profundo y comencé a narrarle todo desde cuando lo recordaba, lo mal que nos habíamos llevado siempre, como había empeorado todo cuando mi padre había muerto y al no tener nada que siguiera ligándome a ella, mi tío le había pedido la custodia y que por eso sentía tanta admiración y cariño por él.
- No imaginaba que todo fuera así...
- Desde ese momento, mi tío se siente responsable de mi felicidad y por eso intenta protegerme, e incluso sobreprotegerme muchas veces...
- ¿Qué tienes pensado hacer? -preguntó.
- No lo sé, ¿qué se supone que debería hacer? ¿Tú qué harías?
- No sé, me cuesta ponerme en tu lugar, pero creo que solo tienes dos opciones...
Lo miré interrogante y comenzó a acariciar mi espalda .
- Puedes pagarle con la misma moneda, se lo merece, y no acercarte a ella como si no la conocieras, o puedes demostrarle que vales mucho más que ella y presentarte allí con la mejor de tus sonrisas.
- ¿Vendrías conmigo?
- ¿Quieres que vaya? -se sorprendió.
- Sí, claro que quiero.
Claro que quería, sabía que si lo tenía a mi lado y podía aferrarme a su mano, nada ni nadie podía hacerme daño.
- Entonces, ¿cuando iremos?
No estaba segura de cuando quería ir, pero supuse que cuanto antes sería mejor.
- ¿Ahora?
- ¿Sabes donde es?
- No, llamo a mi tío y le pregunto, ¿vale?
- Perfecto, mientras iré a cambiarme de ropa. Ahora vengo.
Se dispuso a salir, pero antes de llegar a la puerta retrocedió y se colocó frente a mí.
- Se me olvidaba algo.
Colocó su mano detrás de mi cabeza y me acercó a él suavamente, comenzando a besarme suavemente y profundizando poco a poco el beso.
El ruido de unos nudillos chocando con la puerta suavemente hizo que dirigiera mi mirada hacia allí, a los pocos segundos se abrió y entró Harry.
- ¿Puedo pasar? -preguntó.
Asentí.
- ¿Qué tal estás?
Dijo mientras se acercaba y se sentaba a mi lado.
- No lo sé...
Pasó uno de sus brazos por mis hombros y besó mi cabeza.
- No entiendo muy bien nada de toda esta historia, creo que llego un poco tarde, pero sabes que te voy a apoyar en lo que sea.
En ese momento caí en la cuenta de que nunca le había contado nada de esa historia a Harry, y comprendí lo desorientado que se tenía que sentir.
- No sabes nada, ¿verdad? -pregunté.
- No, y me gustaría saberlo, pero si no quieres hablar de eso ahora no pasa nada...
Sentirme cerca de él era lo que más me tranquilizaba siempre, así que acorté distancias apoyándome en su hombro y él aprovechó para robarme un beso. Era perfecto.
- ¿Por qué me miras así? -dijo.
No contesté me limité a sonreírle y a acariar su pelo. Definitivamente sí, era perfecto.
- ¿No me vas a contestar? -insistió.
- Te quiero.
Su cara fue una mezcla entre felicidad y sorpresa, era la primera vez que se lo decía a alguien y estaba tan segura de lo que sentía.
- Y yo a ti, más de lo que te puedes imaginar.
- ¿Quieres saber que pasó?
- Solo si tú quieres contármelo...
Respiré profundo y comencé a narrarle todo desde cuando lo recordaba, lo mal que nos habíamos llevado siempre, como había empeorado todo cuando mi padre había muerto y al no tener nada que siguiera ligándome a ella, mi tío le había pedido la custodia y que por eso sentía tanta admiración y cariño por él.
- No imaginaba que todo fuera así...
- Desde ese momento, mi tío se siente responsable de mi felicidad y por eso intenta protegerme, e incluso sobreprotegerme muchas veces...
- ¿Qué tienes pensado hacer? -preguntó.
- No lo sé, ¿qué se supone que debería hacer? ¿Tú qué harías?
- No sé, me cuesta ponerme en tu lugar, pero creo que solo tienes dos opciones...
Lo miré interrogante y comenzó a acariciar mi espalda .
- Puedes pagarle con la misma moneda, se lo merece, y no acercarte a ella como si no la conocieras, o puedes demostrarle que vales mucho más que ella y presentarte allí con la mejor de tus sonrisas.
- ¿Vendrías conmigo?
- ¿Quieres que vaya? -se sorprendió.
- Sí, claro que quiero.
Claro que quería, sabía que si lo tenía a mi lado y podía aferrarme a su mano, nada ni nadie podía hacerme daño.
- Entonces, ¿cuando iremos?
No estaba segura de cuando quería ir, pero supuse que cuanto antes sería mejor.
- ¿Ahora?
- ¿Sabes donde es?
- No, llamo a mi tío y le pregunto, ¿vale?
- Perfecto, mientras iré a cambiarme de ropa. Ahora vengo.
Se dispuso a salir, pero antes de llegar a la puerta retrocedió y se colocó frente a mí.
- Se me olvidaba algo.
Colocó su mano detrás de mi cabeza y me acercó a él suavamente, comenzando a besarme suavemente y profundizando poco a poco el beso.
jueves, 19 de abril de 2012
Mi pesadilla. Capítulo 26.
CUMPLEAAAÑOS FEEEELIZZZZ, CUMPLEAAAAÑOS FEEEEELIIIIZZ, TE DESEAMOS @_neetxu CUMPLEAAAAÑOS FEEEEELIZ (8)
Llegué al lugar donde me había indicado y me encontré en una de las calles más lujosas de Londres. No me hizo falta ni preguntar por el restaurante que me había indicado mi tío, se veía perfectamente.
Nada más entrar, vi como un hombre perfectamente trajeado se acercaba a mí
- ¿Tiene mesa reservada?
- Sí, supongo que a nombre de Simon Cowel.
- Ah, sí, perfecto. Sígame.
Me condujo a través de todo el restaurante hasta uno de los reservados, se paró ante uno de los biombos que los separaban del resto de la estancia, y me indicó que pasara con un gesto.
Nada más cruzar aquel biombo, pude ver a mi tío sentado ya en la mesa mirando su teléfono. Siempre igual, nunca cambiaría. Sonreí y me acerqué a él para abrazarlo.
- Nunca cambiarás.
- Pequeña, ¿qué tal estás?
Noté como me abrazaba con más fuerza de lo normal, pero no le di importancia. Comencé a notarlo raro cuando noté como forzaba una sonrisa.
- ¿Qué pasa? ¿Estás enfadado por lo de Harry? De verdad, te prometo que es buen chico, me trata mejor de lo que me podría tratar cualquiera, te lo juro...
- No, no es eso. En eso yo ya no tengo nada que hacer, solo esperar que no te haga daño por su bien. -volvió a sonreír sin ganas.
- ¿Entonces? ¿Te encuentras mal?
- ¿Qué te parece si comemos? Tienes muchas cosas que contarme, ¿qué tal todo por aquí?
No pude evitar continuar preocupada, mi tío siempre que sonreía era porque lo sentía si no ni siquiera hacía un leve esfuerzo, pero mi efusividad por contarle lo feliz que estaba desde que había vuelto a Londres. Él, al contrario que muchas de las veces que hablaba conmigo, me escuchaba todo lo que decía e incluso sonreía y daba su opinión. Cuando terminé de contarle todo ya habíamos llegado al postre.
- Y bueno, eso es todo lo que puedo contarte. -concluí.
- ¿Te apetece postre?
- No estaría mal algo de chocolate, ¿tú no quieres?
- No, yo tomaré un café.
Pidió por ambos y se quedó mirándome en silencio.
- ¿Me vas a decir ya lo que pasa? ¿Sigues con Rochelle?
- Oh, sí, ella está de aquí.
- ¿Aquí? ¿Dónde? ¿Por qué no ha venido a molestarme?
- Porque ella no te molesta, eres tú que la odias como a todas. -sonrió, esta vez de verdad.
- Mentira, son ellas.
En ese momento comprendí que mis sospechas eran cierta, algo malo pasaba, por eso no había querido traerla.
- ¿Me vas a decir ya qué pasa? Estoy completamente segura que algo malo pasa...
- Sí, pasa algo malo, pero solo quiero que lo sepa, después lo que decidas hacer es cosa tuya y yo te voy a apoyar decidas lo que decidas.
Mi expresión se había tornado más seria aún, nunca lo había oído hablar así.
- Recuerdas que cuando eras pequeña y viniste a vivir conmigo, me dijiste que no querías volver a saber nada de tu madre, ¿verdad?
"Tu madre" escuchar esas palabras provocaron que mi corazón empezara a latir más fuerte de lo normal, había evitado durante mucho tiempo pensar en ella y en todo lo que había pasado. ¿Qué tenía que ver ella en ese momento?
- ¿Qué quiere? -susurré.
- Está enferma y me ha pedido que te lleve a verla...
- ¿Qué?
No podía creer lo que escuchaba, no podía creerme que fuera capaz de pedirme eso después de todo lo ocurrido.
- Es decisión tuya, yo no voy a obligarte a nada y te apoyaré en lo que decidas.
- Pero..., ¿por qué?
- No lo sé, Gabriella, solo sé que ella llevaba años viviendo en Italia con su novio..., y ha pedido que la trasladen aquí.
- ¿Para qué?
- Para estar cerca de ti, eso es lo que me ha dicho...
- Pero..., yo... ¿Puedo volver a casa?
- Te acompaño. No quiero que vayas así sola.
Salimos los dos del restaurante y subimos a su coche. Fuimos en completo silencio todo el camino y al llegar a casa, llamó al timbre.
- Ya voy y... ¿Simon? ¿Gabriella? -pude escuchar la voz de Harry- ¿Qué ha pasado?
No contesté, lo esquivé y fui directa a mi habitación, pero pude escuchar como se quedaba hablando son mi tío.
Llegué al lugar donde me había indicado y me encontré en una de las calles más lujosas de Londres. No me hizo falta ni preguntar por el restaurante que me había indicado mi tío, se veía perfectamente.
Nada más entrar, vi como un hombre perfectamente trajeado se acercaba a mí
- ¿Tiene mesa reservada?
- Sí, supongo que a nombre de Simon Cowel.
- Ah, sí, perfecto. Sígame.
Me condujo a través de todo el restaurante hasta uno de los reservados, se paró ante uno de los biombos que los separaban del resto de la estancia, y me indicó que pasara con un gesto.
Nada más cruzar aquel biombo, pude ver a mi tío sentado ya en la mesa mirando su teléfono. Siempre igual, nunca cambiaría. Sonreí y me acerqué a él para abrazarlo.
- Nunca cambiarás.
- Pequeña, ¿qué tal estás?
Noté como me abrazaba con más fuerza de lo normal, pero no le di importancia. Comencé a notarlo raro cuando noté como forzaba una sonrisa.
- ¿Qué pasa? ¿Estás enfadado por lo de Harry? De verdad, te prometo que es buen chico, me trata mejor de lo que me podría tratar cualquiera, te lo juro...
- No, no es eso. En eso yo ya no tengo nada que hacer, solo esperar que no te haga daño por su bien. -volvió a sonreír sin ganas.
- ¿Entonces? ¿Te encuentras mal?
- ¿Qué te parece si comemos? Tienes muchas cosas que contarme, ¿qué tal todo por aquí?
No pude evitar continuar preocupada, mi tío siempre que sonreía era porque lo sentía si no ni siquiera hacía un leve esfuerzo, pero mi efusividad por contarle lo feliz que estaba desde que había vuelto a Londres. Él, al contrario que muchas de las veces que hablaba conmigo, me escuchaba todo lo que decía e incluso sonreía y daba su opinión. Cuando terminé de contarle todo ya habíamos llegado al postre.
- Y bueno, eso es todo lo que puedo contarte. -concluí.
- ¿Te apetece postre?
- No estaría mal algo de chocolate, ¿tú no quieres?
- No, yo tomaré un café.
Pidió por ambos y se quedó mirándome en silencio.
- ¿Me vas a decir ya lo que pasa? ¿Sigues con Rochelle?
- Oh, sí, ella está de aquí.
- ¿Aquí? ¿Dónde? ¿Por qué no ha venido a molestarme?
- Porque ella no te molesta, eres tú que la odias como a todas. -sonrió, esta vez de verdad.
- Mentira, son ellas.
En ese momento comprendí que mis sospechas eran cierta, algo malo pasaba, por eso no había querido traerla.
- ¿Me vas a decir ya qué pasa? Estoy completamente segura que algo malo pasa...
- Sí, pasa algo malo, pero solo quiero que lo sepa, después lo que decidas hacer es cosa tuya y yo te voy a apoyar decidas lo que decidas.
Mi expresión se había tornado más seria aún, nunca lo había oído hablar así.
- Recuerdas que cuando eras pequeña y viniste a vivir conmigo, me dijiste que no querías volver a saber nada de tu madre, ¿verdad?
"Tu madre" escuchar esas palabras provocaron que mi corazón empezara a latir más fuerte de lo normal, había evitado durante mucho tiempo pensar en ella y en todo lo que había pasado. ¿Qué tenía que ver ella en ese momento?
- ¿Qué quiere? -susurré.
- Está enferma y me ha pedido que te lleve a verla...
- ¿Qué?
No podía creer lo que escuchaba, no podía creerme que fuera capaz de pedirme eso después de todo lo ocurrido.
- Es decisión tuya, yo no voy a obligarte a nada y te apoyaré en lo que decidas.
- Pero..., ¿por qué?
- No lo sé, Gabriella, solo sé que ella llevaba años viviendo en Italia con su novio..., y ha pedido que la trasladen aquí.
- ¿Para qué?
- Para estar cerca de ti, eso es lo que me ha dicho...
- Pero..., yo... ¿Puedo volver a casa?
- Te acompaño. No quiero que vayas así sola.
Salimos los dos del restaurante y subimos a su coche. Fuimos en completo silencio todo el camino y al llegar a casa, llamó al timbre.
- Ya voy y... ¿Simon? ¿Gabriella? -pude escuchar la voz de Harry- ¿Qué ha pasado?
No contesté, lo esquivé y fui directa a mi habitación, pero pude escuchar como se quedaba hablando son mi tío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)